Educación Inclusiva (I)

Garantizar el acceso a la educación es, o al menos, debería ser, una de las prioridades de todos los gobiernos. No ya sólo por los beneficios personales de los educandos sino, también por el futuro de los países. Los últimos años crisis generalizada, unidos a los movimientos migratorios por diferentes causas (desde conflictos bélicos, hambrunas o la búsqueda de un futuro mejor) ha hecho que nuestras aulas sean cada vez más diversas, con lo que eso tiene de enriquecedor para los alumnos, pero también a veces puede suponer un desafío, tanto para los profesores como a la hora de poner a prueba  convivencia entre niños y jóvenes provengan del colectivo que provengan, aunque procedan de grupos más vulnerables, generando una igualdad de oportunidades

Mantener el equilibrio entre la inclusión de todos los alumnos y la calidad puede suponer un reto para los educadores y para los organismos oficiales vinculados a la enseñanza, de manera que se refuerce la cohesión de la población y evite posibles discriminaciones. Luchando de manera activa y dando respuesta a las necesidades de cada estudiante, de la manera más individualizada posible, para logra romper las barreras de raza, grupo social, cultura o credo religioso. Pero también con independencia de sus capacidades innatas o adquiridas. Según la UNESCO, la educación inclusiva como el “proceso de identificación y respuesta a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de una mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades; y reduciendo la exclusión en la educación”.

Desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte da unas pautas fundamentales para desarrollar la educación inclusiva en el sistema educativo:

— La escuela debe educar en el respeto de los Derechos Humanos y, para hacerlo, organizarse y funcionar de acuerdo con los valores y principios democráticos.

— Todos los miembros de la comunidad colaboran para facilitar el crecimiento y desarrollo personal y profesional individual, a la vez que el desarrollo y la cohesión entre los iguales y con los otros miembros de la comunidad.

— La diversidad de todas las personas que componen la comunidad educativa se considera un hecho valioso que contribuye a enriquecer a todo el grupo y favorecer la interdependencia y la cohesión social.

— Se busca la equidad y la excelencia para todos los alumnos y se reconoce su derecho a compartir un entorno educativo común en el que cada persona sea valorada por igual.

— La atención educativa va dirigida a la mejora del aprendizaje de todo el alumnado, por lo que ha de estar adaptada a las características individuales.

— La necesidad educativa se produce cuando la oferta educativa no satisface las necesidades individuales. Consecuentemente, la inclusión implica identificar y minimizar las dificultades de aprendizaje y la participación y maximizar los recursos de atención educativa en ambos procesos.

En ocasiones se confunde el concepto de ‘educación inclusiva’ con el de ‘integración educativa’, más relacionado éste último a los alumnos con necesidades educativas especiales; es decir, aquellos educandos que por  algún tipo de discapacidad (NEE) —sea del tipo que sea—, no tiene nada que ver que con alumnos en riesgo de marginalidad o de exclusión social. Hay que empezar a valorar la diversidad como herramienta a nuestra disposición, como un factor enriquecedor para el aprendizaje y el desarrollo de los alumnos, un factor que beneficia tanto a los niños que necesitan ser ‘incluidos’, como al resto de la clase. El feedback entre ambas partes debe verse alentado y favorecido por el profesor, a través de las herramientas que tiene a su disposición, especialmente las relacionadas con el nuevo cambio de paradigma educativo, que se adapta a la perfección a las necesidades de esta nueva composición de las aulas, cada vez más común en un mundo, cada vez, más globalizado.

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