Educación y Modelo Productivo

La crisis económica que nos viene asolando desde hace unos años ha puesto de manifiesto, más si cabe, la obsolescencia de un modelo productivo y económico. Un modelo que tendrá que ser sustituido por otro que todavía no existe, pues la aceleración exponencial de la tecnología va a suponer que el 65% de los niños que están estudiando en la actualidad trabajarán en empleos que no han sido inventados todavía. El modelo educativo tradicionalmente —y sobre todo desde el S. XIX, con la sociedad industrial—, ha estado enfocado a las necesidades del sistema de producción. Se formaba a niños y jóvenes en función de las necesidades del sistema económico, de manera que fueran útiles al sistema y a la sociedad. En este momento de incertidumbre, en el que no sabemos muy bien hacia dónde nos llevarán los avances científicos y tecnológicos, ¿qué modelo educativo debemos plantear? ¿Cómo formar a nuestros jóvenes para trabajos que no existen todavía?

Como afirmaba Daniel Fernández Kranz, del Departamento de Entorno Económico del IE Business School, en su artículo Cambio de modelo productivo en España y reforma del Sistema Educativo, “los economistas, políticos y medios de comunicación de nuestro país vienen advirtiendo de forma insistente durante los últimos años de la necesidad de que en España se dé un cambio de modelo productivo, reduciendo el peso de sectores tradicionales y de baja productividad, como el de la construcción, para aumentar la importancia de las actividades económicas de alto valor añadido y basadas en la economía del conocimiento y el capital humano de alta cualificación”.  Un paradigma totalmente opuesto al, hasta ahora, modelo imperante en España; sobre todo en los años de bonanza aparejados al sector de la construcción y que fue el principal motor del crecimiento económico. Dicho boom inmobiliario hizo que muchos jóvenes aparcaran su formación ante la no necesidad de una cualificación laboral en el sistema. La explosión de la burbuja inmobiliaria puso fin a este modelo. Lo cual no significó que la parte de la sociedad que optó por la formación superior estuviera mejor preparada, como apunta Fernández Kranz en la misma publicación, existe “un exceso de oferta de titulados superiores como consecuencia de una universidad pública altamente subvencionada, universalista y de cuestionada calidad (no hay ninguna universidad española entre las 150 primeras del Mundo)”.

Con estos datos, parece una necesidad acuciante cambiar el paradigma educativo, pero no sólo una reforma del sistema en cuanto a sistema; es fundamental, si no queremos perder el tren de los avances científicos y tecnológicos una vez más, que reformemos la docencia desde los primeros niveles hasta el ámbito universitario; y no sólo eso, también es fundamental que se adapte a las demandas socioeconómicas actuales y, sobre todo, con las miras puestas en el futuro.

Educación y cambio acelerado

En el año 2001 Kurzweil presentó La ley de rendimientos acelerados que amplía la ley de Gordon E. Moore (sobre el desarrollo exponencial de la tecnología). En ella, el tecnólogo estadounidense afirma que “siempre que una tecnología alcance cierto tipo de barrera, se inventará una nueva tecnología que nos permita cruzar dicha barrera”. Se trata pues, de un proceso imparable, tanto el proceso en sí como la velocidad de desarrollo y, a su vez, de obsolescencia.

¿Pero qué significa esto para la educación? El pasado mes de junio tuvieron lugar unas jornadas sobre Modelo Productivo y Modelo Educativo organizadas por el Consejo Económico y Social de España. En ellas, la maestra y sindicalista Montserrat Ros reflexionaba sobre sobre la cuestión: “Es por este desarrollo exponencial que el 90% de los científicos que han existido en la historia están vivos. La capacidad de creación es inédita en la historia. Esto produce la obsolescencia del conocimiento, la obsolescencia de los productos, la obsolescencia de los empleos, la obsolescencia de los títulos académicos”. La docente pone como ejemplo el ordenador Deep Blue, “fue derrotado en 1996 por Kasparov. Un año después, la computadora venció a Kasparov y ahora nadie es capaz de ganar al ajedrez a un ordenador”.

 

 

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