El gran desafío de este momento es la personalización de la educación

Carmen Pellicer Iborra es una de las grandes autoridades en Pedagogía con las que cuenta nuestro país. Teóloga y Pedagoga de formación, ha desarrollado una amplia carrera tanto en instituciones y centros españoles como internacionales. En 1998 crea la Fundación Trilema, institución que dirige en la actualidad. Su fructífera actividad como escritora se ha visto plasmada en numerosos artículos y libros, como por ejemplo, el último presentado junto a José Antonio Marina,  La inteligencia que aprende. Autor con quien también colabora en la Universidad para Padres, desde donde se quiere fomentar un cambio de paradigma educativo. Otra de sus facetas es la de comunicadora, a través de programas de divulgación científica como Para Todos la 2 o La Aventura del Saber, donde ha participado en numerosas ocasiones.

NeuroK: ¿Cómo ve la situación actual de la educación en España?

Carmen Pellicer: «Vivimos un momento importante de crisis con un enemigo común: Una tasa de fracaso y abandono escolar tremendamente alta y un grado importante de aceptación de la mediocridad. Esto supone un desafío enorme y, por otro lado, comienza a haber una efervescencia importante de iniciativas innovadoras pidiendo un cambio profundo en la organización y el funcionamiento del sistema educativo».

NK: ¿Qué diferencias encuentra con los sistemas educativos de otros países de nuestro entorno geográfico o socio-económico?

C.P.: «Seguimos atados a un currículum muy tradicional y no acabamos de dar el salto al modelo competencial, como ya se está haciendo en otros países. Seguimos unas metodologías muy tradicionales basadas mucho en la memorización mecánica –en la repetición de los contenidos– y tenemos un sistema de evaluación muy obsoleto, también basado en esa memorización. Esto está cambiando en los países más avanzados, pero aquí cuesta mucho.

También, hay una resistencia grande a creer en la autonomía de los proyectos educativos de los centros. Está demostrado que para que un sistema educativo salga de un bache tiene que hacer una apuesta por incrementar el índice de autonomía en los centros. Pero aquí hay mucha desconfianza hacia las escuelas y los educadores para que tengan la potestad de generar sus propios proyectos educativos. Eso no ayuda.

Tampoco tenemos un sistema de evaluación del desempeño docente ni sistemas de formación del profesorado potentes y eficaces».

NK: Qué le parece esta ‘revolución’ que los profesores están llevando a cabo para cambiar el paradigma educativo. ¿Cree que cuentan con el suficiente apoyo de las instituciones?

C.P.: Creo que hay muchas iniciativas puntuales muy loables, pero que para que ese cambio se generalice y sea sistémico, tendría que haber un cambio en la legislación, en la inspección educativa y en la organización general del sistema. Esas iniciativas no van a sobrevivir, ni van a tener fuerza transformadora, a no ser que tengan un apoyo institucional real y una dotación adecuada de recursos humanos y económicos.

NK:  ¿Cuál será el papel de las nuevas tecnologías en las aulas? ¿Corremos el peligro de quedarnos en la implementación de una tecnología vacía de contenidos?

C.P.: «La tecnología es el nuevo lenguaje de nuestro siglo y tiene un papel fundamental en las aulas. No vamos a poder mantenernos al margen, porque estos niños viven en la era tecnológica y hoy es fundamental aprender a usar los dispositivos tecnológicos. Ahora bien, hay que superar el efecto fetiche: pensar que el introducir las tecnologías en las aulas va a incrementar la motivación de los alumnos es una falacia, porque eso dura muy poco tiempo. Hay que redefinir cuáles son los pilares del aprendizaje, los nuevos retos curriculares y el rol diferente del profesor con todos los nuevos recursos que están a su alcance».

NK: ¿Está suficientemente concienciada la sociedad con la necesidad de un cambio de modelo en la educación?

C.P.: «No. Hay una insatisfacción social hacia cómo está la educación, pero no hay una verdadera conciencia de la necesidad de que todos seamos cómplices de ese cambio, de la responsabilidad compartida de las familias, los medios de comunicación, los ayuntamientos, las comunidades locales… Todos tenemos que jugar un papel activo y sobre la conciencia de la importancia de ese papel creo que todavía queda un camino por recorrer».

NK: ¿Cómo surge la idea de escribir junto a José Antonio Marina el libro La Inteligencia que Aprende?

C.P.: «Llevamos trabajando juntos muchos años. José Antonio ha hecho una investigación excepcional sobre la inteligencia desde el principio de su carrera profesional y en esta colaboración que venimos haciendo, nosotros aportamos la parte práctica del aula. ‘La Inteligencia que Aprende’ intenta plasmar en un modelo de intervención didáctica todo lo que él ha estado investigando y se lleva avanzando en el conocimiento de la mente humana».

NK: ¿Qué es la inteligencia ejecutiva?

C.P.: «Proponemos un modelo de funcionamiento de la inteligencia durante el aprendizaje: Qué ocurre desde la activación cognitiva -el mismísimo inicio del acto de aprender, que tiene que ver con un estado de energía vital- hasta la metacognición, el último paso, que hace consciente lo aprendido y cómo se ha llegado a ello. Y aquellos procesos que van desde el ejercicio de la memoria hasta la atención, el control de la impulsividad, la gestión de emociones… Es decir, todos aquellos elementos que son fundamentales en el funcionamiento de la mente».

NK:  ¿Cómo se imagina la educación en el futuro?

C.P.: «Hay que distinguir entre cómo me gustaría que fuera y cómo creo que va a ser. La educación en el futuro tendría que ser tremendamente personalizada. El gran desafío de este momento es la personalización: que el Sistema pueda crear un itinerario único para cada niño que ayude a que tenga múltiples oportunidades y alcance el desarrollo óptimo de su personalidad. Eso es lo que me gustaría que fueran las escuelas, con docentes tremendamente formados, generosos y comprometidos, que educaran no sólo de manera pragmática, sino que educaran a personas con valores comprometidas para crear una sociedad más justa y solidaria».

NK: ¿Qué es y cómo nace la Fundación Trilema? 

C.P.: «Nace en el 98, con un grupo de profesores muy comprometidos con la innovación y el cambio educativo, que creemos mucho en la fuerza de la escuela para cambiar la vida de los niños y crear oportunidades nuevas. A partir de entonces, iniciamos un camino explorando todas las posibilidades que tiene hoy la educación y la investigación. La formación del profesorado, la gestión del cambio en las escuelas, la producción de documentales para cambiar la conciencia social…».

NK: Háblenos un poco de los proyectos que están desarrollando desde la fundación con el AECID y las Escuelas Católicas.

C.P.: «Dentro del trabajo que hacemos de formación del profesorado, en los últimos años hemos estado realizando diferentes proyectos en África. Uno de estos es el que hemos hecho en Guinea Ecuatorial para la formación de líderes pedagógicos. Hemos impartido más de 2000 horas de formación presencial en más de 80 escuelas públicas y católicas pertenecientes a la red de Escuelas Católicas de Guinea Ecuatorial. Hemos formado líderes –más de 30 expertos– para que sean capaces a su vez de empoderar al profesorado que creemos es el germen del cambio. En esa formación, hemos hecho desde cursos al uso y la visita a España de un grupo de profesores de allí; hasta coaching, clases modelo dentro de las escuelas, acompañamiento de claustros, auditorías pedagógicas…».