«El hecho pedagógico surge del encuentro humano»

agosto 4, 2017

Antonio Malagón

Antonio Malagón (Valenzuela de Calatrava, Ciudad Real, 1950), Presidente de la Asociación de Centros Educativos Waldorf-España y Director del Centro de Formación de Pedagogía Waldorf, es sin duda todo un adelantado a su época. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, mientras cursaba su carrera universitaria ya entró en contacto con la Antroposofía de Rudolf Steiner, cuya vertiente pedagógica marcaría su vida. Tras completar su formación en Francia y diversos países europeos, a su vuelta a España, en las década de 1970 y comienzos de los 80, trajo consigo e implantó la Metodología Waldorf, siendo el cofundador del primer centro que implementaba la Pedagogía Waldorf en nuestro país. La  Escuela Libre Micael en Las Rozas (Madrid) lleva desde entonces formando generaciones de estudiantes y haciendo que sus alumnos aprendan algo más que contenidos teóricos. En la actualidad, Malagón compagina su labor al frente de ambas asociaciones con sus tareas como profesor de Ciencias Sociales (Geografía e Historia) en la misma escuela que él creó.

NeuroK: ¿Cómo entra en contacto con la pedagogía Waldorf?

Antonio Malagón: “Entré en contacto en la universidad de Madrid, en la Complutense, cuando estudiaba Historia en el año 72. Empecé a oír hablar de la filosofía de Rudolf Steiner en el 68, aquello quedó como un descubrimiento pues el acceso a libros no era fácil y lo poco que iba conociendo me lo iba contando un conocido que sabía del tema. Tiempo después me enteré que dentro de la Antroposofía —teoría propuesta por el filósofo alemán— había muchas aplicaciones prácticas, desde la agricultura, la ecología o la biodinámica; cuando aquí nadie hablaba ni tenía conocimiento sobre estas cosas. Entre las diferentes disciplinas sobre las que trataba la Antroposofía estaba la pedagogía, lo que fue un verdadero revulsivo para mi. Me enteré que en Francia había cursos de especialización y cuando acabé de formarme, los cursos de doctorado y hasta la ‘Mili’, porque me toco hacerla, me lancé con los pocos medios que tenía pero con mucha ilusión y me fui a Francia. Estuve dos años y otro más en Alemania, Holanda y Suiza. Posteriormente regresé a España para crear la primera escuela Waldorf en Las Rozas, la Escuela Libre Micael”. 

NK: ¿Cómo fue recibida esta propuesta educativa en la España de aquel momento?

A.M.: “¿Waldorf?¿Pero qué es eso?, nos preguntaban al principio. Rudolf Steiner no formaba parte de la cultura general, como en Centro Europa, aquí ni se conocía. Hay un elemento fundamental en la educación Waldorf que es la confianza. Los primeros padres que se acercaron a conocer el centro, teníamos 5 ó 6 familias tan sólo, fueron los mejores embajadores, los mejores comunicadores con otros padres de las urbanizaciones cercanas o con amigos de Madrid. Aquellas familias trajeron a otras y en menos de cinco años, de 1980 a 1985, teníamos unas 80 familias en Infantil y decidimos dar el salto a Primaria. Fue muy rápido y sin publicidad, familia a familia. La aceptación era estupenda, organizábamos mercadillos, hacíamos fiestas hasta en Casino de Las Rozas, íbamos a otras escuelas, organizábamos teatritos en diversos centros; en definitiva, nos movíamos mucho para darnos a conocer”.

NK: ¿En qué se diferencia la educación Waldorf de la metodología tradicional?

A.M.: “En muchísimas cosas. Yo siempre animo a la gente a que venga a conocernos en persona, tenemos las puertas abiertas y organizamos mercadillos y visitas todos los martes durante el curso. Este año han venido más de 650 estudiantes de las facultades de Pedagogía de las distintas universidades de Madrid. Pero también son muchas las familias que vienen a ver la escuela y se les hace una visita guiada. Una de las marcas de la casa es el ambiente de buena convivencia que se genera, es precioso. ¿En qué nos diferenciamos? Lo primero es en la relación y participación entre familias y escuelas. También es fundamental que el maestro se interese por las características de los niños, que vea qué trae cada niño y qué necesita para su desarrollo. Si a un niño le observas, le acompañas día a día, conoces a su familia, haces tutorías, habláis del niño con la familia y los profesores siempre y no sólo cuando da problemas, etc.; todo esto, aporta un abrigo para el niño, una envoltura de afecto». 

 NK: ¿Y desde el punto de vista metodológico?

A.M.: «Desde el punto de vista metodológico te podría decir mil diferencias. Por ejemplo, los chicos construyen sus propios libros de texto, son cuadernos de trabajo de cada materia que, tras consultar, recoger información o ilustrarlo con dibujos, conforman un verdadero cuaderno de campo. Así ellos digieren esos conocimientos que se integran y se plasman en la libreta. Se convierten, de esta manera, por sí mismos en una capacitación. Los trabajos siempre son expuestos a los compañeros, que también aprenden a escuchar y a hacer preguntas, aprenden a hablar en público y a expresarse. Otra de nuestras características es que todos los días, antes de empezar las clases, dedicamos 10 ó 15 minutos a encontrarnos, a sintonizarnos y después ya se pasa a los aprendizajes. En clase los mayores recitan poemas o hacen sketches y los pequeños hacen motricidad o cantan. De esta manera trabajas la motivación y la parte emocional. Ahora se habla mucho de educación emocional, pero no debe ser una asignatura, no es una ‘APP’. La Educación Emocional debe ir contigo, en la forma de comportarte y de tratar a las personas. Eso es una educación emocional permanente, el hecho pedagógico surge del encuentro humano”.

NK: La formación continua es una de las bases de la Pedagogía Waldorf, ¿cómo se plasma esto en la realidad?

A.M.: “Desde la Asociación nos encargamos de animar, ayudar y acompañar a los estudiantes que comienzan y sobre todo de velar porque haya calidad en la educación Waldorf. La formación continua es una responsabilidad, pues nuestro sistema siempre tiene que estar en una continua renovación. Empezó en el año 1919, hace casi un siglo, por lo que en 2019 vamos a celebrar nuestro primer centenario. Cada vez es más la demanda gracias a que no es una educación estancada o con un programa fijo. En cada lugar del mundo —y estamos en 86 países presentes, con más de 5.000 centros— continuamente nos tenemos que renovar y recrear a partir de las  personas del entorno, del medio cultural y del medio social; siempre contando con la participación de los padres, que tienen que trabajar conjuntamente con los maestros. Por eso la escuela brota del apoyo mutuo, de la colaboración, lo que también significa aprender a convivir y sirve de ejemplo para los chicos”.

NK: Las familias son una parte esencial dentro de su método, ¿cómo se logra integrar a los padres en el aprendizaje de sus hijos?

A.M.: “Los padres, al ver a sus niños tan felices y colaborar de lleno en la vida de la escuela —en la gestión, la limpieza… ¡en todo!— se sienten también constructores del aprendizaje y del colegio de sus hijos. Eso les encanta porque es algo completamente inusual aquí. Imagínate que como padre tengas que ir a hacer cosas y a ayudar dentro del colegio o hacer trabajo voluntario. Es una manera fenomenal de implicarse. La escuela Waldorf también tiene que favorecer mucho la colaboración entre los padres y los profesores. Tienen que trabajar juntos, por lo que hay que ofrecerles información y formación. Si el maestro conoce a la familia, la respeta, la apoya, la ayuda; y al contrario, si la familia apoya al maestro, tiene unas consecuencias preciosas en el aula. Los niños sienten esa coherencia y muchos problemas desaparecen al no tener los niños la inquietud de la incoherencia. Es un problema grave que los niños lleguen a percibirla en los mayores”. 

NK: ¿Y cómo se refleja esto en los alumnos?

A.M.: “Son chicos que están a gusto yendo a clase, no tienen ese estrés de otros colegios porque trabajamos lo mental, lo artístico y la voluntad. Existe un equilibrio en el día a día y no solamente embotarles la cabeza con teoría. A demás, si te interesas por alguien, esa persona se siente acompañada, lo que quieres es ayudar y esa intención traspasa el espacio; es muy importante, ahora que se habla tanto de educación emocional. Esa es la verdadera educación emocional: acompañar y descubrir las necesidades de los alumnos, saber responder y apoyar en un momento dado a ese niño que necesita un empujón. Otra de las partes fundamentales es la motivación; y también el asombro, que les guste lo que cuentas, que se entusiasmen. Porque tú eres quien les está contando todo sobre el mundo, y es fascinante. Por otro lado, todos los jueves hay claustro pedagógico de intercambio de experiencias, de trabajos artísticos, de estudios por departamentos… En definitiva, ayudarnos entre todos y también replantearnos y criticarnos. Y, obviamente, plantearnos mejoras. Hacemos una retrospección de lo que hemos hecho, un cuestionamiento en positivo y tratamos de ver cómo se pueden mejorar cosas. Esto en el profesorado es fundamental”.

NK: En sus escuelas es esencial la figura del tutor que acompaña al niño durante largas etapas. Háblenos un poco de esta figura tan representativa en el sistema.

A.M.: “El mismo maestro-tutor está presente durante seis años, durante toda la Primaria, con el alumno. El tutor se convierte en un referente, es la persona de confianza tanto del niño como de los padres. También se encarga de coordinar a todo el equipo de maestros y cada día recibe al niño a su llegada al colegio, desde los tres años. Es un momento en el que te colocas delante del alumno, le tiendes la mano y le dices: ‘hola, aquí estamos, vamos trabajar juntos’. Es un encuentro que fomenta el apoyo emocional que se necesita mutuamente, pues el profesor también lo necesita de sus alumnos. La educación emocional es para todos. Si entre todos trabajamos en una dirección, nos ayudamos, nos cuestionamos; eso significa que estamos trabajando en una buena dirección. Es entusiasmante y yo, que llevo 40 años en el asunto, sigo encantado porque es una pedagogía que siempre te mantiene vivo. Los niños son nuevos con cada generación que llega, por eso mismo uno toma como elemento de referencia a los niños que van llegando y te interesas por ellos. La respuesta es que, como maestro, tienes que cambiar y tienes que entrar diariamente en un proceso de autoeducación. No te queda otra”. 

NK: ¿Qué opinión tiene del momento que estamos viviendo, en el que la preocupación por cambiar de modelo educativo por parte de los profesores se ha convertido en una constante?

A.M.: “Lógicamente mucha gente ahora se ha dado cuenta de que hay que cambiar y ahí tienes ejemplos estupendos de innovadores educativos que están haciendo muchísimo. Maestros de cualquier colegio de España, en cualquier escuelita, están innovando y haciendo cosas por mejorar. No se puede criticar la enseñanza tradicional, porque entre los maestros tradicionales hay mucha gente que está en la búsqueda. Nosotros tenemos ahora mismo tres centros de formación del profesorado en los que hay aproximadamente unos 3.000 maestros y licenciados —también hay familias, padres y madres— participantes. Algunos con 15 ó 20 años de experiencia, de colegios públicos y privados. El 80% son maestros que quieren hacer cursos, interesados por buscar ideas nuevas. Son cursos de tres años, reconocidos por el Ministerio, que ocupan nueve o diez fines de semana al año y tienen que desplazarse desde toda España, les supone hacer un esfuerzo para aprender nuevas cosas. Sólo cabe pensar cuánto buen maestro hay y cómo se lo trabajan”. 

NK: ¿Cómo ve la situación actual de la educación?

A.M.: “El principal fallo que hay es del programa estatal, de la Ley de Educación, de los programas impuestos. Todas estas cosas vienen del sistema. En España, o eres privado o eres público o concertado. Nosotros tenemos un nombre, Escuela Libre Micael, porque aspirábamos a que nos dejaran hacer todo aquello que queríamos hacer. Sin embargo, no podemos todo lo que nos gustaría y eso que ya nos dejan mucho. No es como en Alemania donde hay libertad total y luego realizas unas pruebas de acceso y punto. Aquí no existe esa posibilidad, incluso, el movimiento Escuelas en Casa encuentra muchas trabas. Estamos sujetos a la Ley de Educación y tenemos que cumplir el curriculum estatal. Y lo cumplimos, aunque tenemos que dar una hora más al día para poder incluir las materias artísticas y artesanales, además de la parte intelectiva hay que trabajar otras partes como teatro, música, baile, talleres de tecnología, aprender a transformar la materia, (todo lo que tiene que ver con la lana, el barro, la madera, la piedra) o la horticultura… aparte de los deportes”.

NK: ¿Y las novedades tecnológicas qué papel juegan en el Sistema Waldorf?

A.M.: “Tenemos, entre otras cosas, un programa innovador de robótica que imparte un antiguo alumno, que ya es ingeniero. Están desarrollando este programa en colaboración con BQ. Es un proyecto precioso con un montón de alumnos, tratamos de renovarnos siempre con lo más novedoso. Hay que practicar y que los alumnos puedan ver todas las novedades. En algunas escuelas Waldorf han llegado a hacer coches eléctricos de verdad, que funcionaban. Hacemos todo lo que es necesario para estar comprometidos con nuestro tiempo y, por supuesto, cuidando mucho el proceso evolutivo del niño y su madurez. Y poniendo medidas para evitar el acoso del mundo a través de las RR.SS., hay que proteger a los jóvenes y ayudar a las familias para que sepan actuar ante unas situaciones tan nuevas”.

NK: ¿Cómo se imagina la educación del futuro?

A.M.: “Tiene que ser a través de maestros que sepan vivir y que sepan lo que pasa en el mundo. Tenemos que hablar de los problemas con chicos adolescentes y favorecer que ellos, libremente, tomen criterios propios. Será una educación que les permita ser libres y autónomos. Tienen que descubrir lo que quieren hacer en la vida, sus metas laborales, metas de ayuda social, ideales artísticos, etc. Será una educación en la que cada uno encuentre su camino personal. Por eso creo que la escuela del futuro debe estar conformada por gente que tenga una visión global y sepa captar las necesidades del mundo, no de las empresas ni de los mercados para hacer tandas de ingenieros o mecánicos para la robótica. No consiste en eso. No hay que amoldarlos, hay que trabajar para que puedan cambiar el mundo buscando su propia iniciativa y su propio impulso individual. Y todo ello a través de los ideales, que otorgan una fuerza enorme. También será una escuela que busque crear una moral social, una manera de ayudar a los demás. Si el maestro sabe lo que pasa en el mundo puede trasladarlo a la clase, lo que hará que los chicos sepan captar lo que la sociedad les va a pedir y, a partir de ahí, desarrollar y descubrir su propio camino. Eso es lo que verdaderamente dará sentido a sus vidas”. 

 

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