"Del aburrimiento también se aprende"

Ely Molina es una profesora comprometida con el cambio de paradigma educativo, que se propuso cambiar y adaptar los ritmos de aprendizaje, trasladando el concepto de Slow Life a la docencia. 'Maestra de educación infantil por vocación y madre de familia numerosa por decisión', como ella misma se presenta, cambió la Ingeniería Industrial, después de dos años de carrera, por Infantil, haciendo caso su vocación. La carrera y las prácticas la llevaron empatizar más todavía con el ser humano y, concretamente, con la infancia: "Creo que nunca he disfrutado tanto aprendiendo, que no estudiando, porque absorbí cada una de las clases como quien tiene sed". Esa misma sed la ha llevado a continuar en una continua formación, desde el método Montessori a cursos de crianza respetuosa, disciplina positiva, etc. Gran defensora del papel de la familia en la educación y de 'esas primeras veces' en la que los niños descubren su entorno, decidió, hace algún tiempo crear un blog Educar con Calma, donde comparte sus experiencias y nos da claves para una educación más flexible y acorde a los tempos de los niños.

   

NeuroK: ¿Cómo ves el estado actual del sistema educativo?

Ely Molina: "El sistema educativo pide cambio, se nota que se está dando poquito a poquito y, cada vez hay más padres y profesores solicitando ese cambio en las leyes educativas. Quizá ese primer cambio debería de venir por parte de la administración, que tendría que desvincular la educación y la reforma educativa de la política para dejarnos de tantas leyes que cambian de nombre y añaden más burocracia a los profesores".

NK: ¿Cuentan, los profesores motivados con el cambio de paradigma educativo, con suficiente apoyo de las instituciones y los colegios?

E.M.: "Pues creo que hay de todo. Hay profesores con ganas de cambiar que no tienen apoyo, otros que tienen apoyo pero que no quieren cambiar… Yo creo que, en muchas ocasiones, apuntamos hacia el profesorado como “culpable” de todo lo que ocurre en el sistema educativo y no dirigimos bien nuestras críticas. Me explico: los profesores tienen un programa muy extenso que impartir, poco tiempo, alumnos desmotivados, cansados… Creo que hacen un trabajo brillante. El profesorado, en general, trabaja cada día con ilusión por sacar a los chicos adelante, intentando adaptarse a sus alumnos, a las familias que tienen, ayudando con tiempo, con herramientas, con formaciones que salen de su propio tiempo libre, etc.".

NK: ¿Por qué decides estudiar Primaria?

E.M.: "Soy consciente de que, en muchos ámbitos, cuando dices que eres profe de infantil piensan que solo pintas, cantas y juegas; pero, tal y como me dijo un profesor de la universidad “somos ingenieros del ser humano” porque ponemos las bases sobre las que se asentará todo lo demás. Desde que terminé la carrera, he continuado formándome en Montessori de forma autodidacta y a través de cursos y seminarios, tanto presenciales como online; cursos y formaciones en disciplina positiva; crianza respetuosa… Creo que la infancia, los primeros años, son sagrados y debemos cuidarlos como un tesoro. Después de ser madre, he podido comprobar lo especiales que son esas “primeras veces”, esos primeros descubrimientos a través de los ojos de un niño y cómo los padres somos el primer agente educativo de nuestros hijos y deberíamos de ser modelos para ellos".

NK: ¿Cómo entras en contacto con el Slow Movement?

E.M.: "Pues comencé un blog de maternidad hace unos años y empecé a hablar de mi experiencia como madre, mis vivencias… pero además de madre soy maestra y me gusta aprender, leer, formarme… En las siestas de mi hijo mayor aprovechaba para escuchar cursos, leer… Así entré en contacto más en profundidad -ya la había estudiado en la carrera- con la pedagogía Montessori y empecé a mirar a mi hijo y a observar qué necesitaba para ir preparando el espacio y adaptarme a sus necesidades, sin forzar su aprendizaje.

Poco a poco me di cuenta de que, sobre todo, quería ser autónomo y, para ello, debía darle libertad y responsabilidad, poner las cosas a su alcance para que aprendiera a gestionarlas… poco a poco me fui enamorando de esta filosofía de vida y la llevamos a cabo en casa; (y) fuimos comprobando cómo los niños tienen mucho que enseñarnos. Y claro, ver el mundo a través de los ojos de tu hijo implica parar en el camino y no dejarte llevar por ritmos rápidos. Los niños aprenden, pero a su ritmo".

NK: ¿Qué papel crees que debería jugar el slow schooling dentro del cambio de paradigma educativo?

E.M.: "Pues yo creo que para poder llevar a cabo este movimiento slow en nuestro sistema educativo deberíamos romper con muchas de las ideas mentales que llevamos como profesores. Por ejemplo, estas programaciones anuales tan marcadas y rígidas no tienen cabida porque entre el niño que nació en enero y el que nació en diciembre hay casi un año de diferencia, no puede ser que ambos estén preparados e interesados en las mismas cosas. Si se flexibilizaran estas programaciones a lo largo de las etapas educativas, todos llegarían a alcanzarlas, pero cada alumno lo haría en su propio momento evolutivo. Sé que esto es muy complicado de pensar teniendo el sistema de calificaciones que tenemos, pero igual es que deberíamos darle una vuelta a todo".

NK: ¿Cuál es el papel de las familias en este tipo de educación?

E.M.: "La familia es el primer agente educativo del niño y, como tal, debería coger la posición que le corresponde y estar siempre presente. Los primeros años son fundamentales para enseñarles el mundo que les rodea y, más adelante, también necesitan de nuestra presencia para guiarles sobre cómo gestionar los pequeños retos del día a día. Esto no significa ser su agenda ni hacer sus trabajos o tareas; implica estar para sostener, alentar y ayudar en las caídas -que las habrá-. Y, por supuesto, yo creo que la familia debe hacer equipo con la escuela y la escuela hacer equipo con la familia. Es fundamental apoyarnos porque ambas partes queremos lo mejor para los niños. Para mí, los tres pilares en la educación son la familia, la escuela y el alumno. Tenemos que hacer equipo y ayudarnos".

NK: ¿Eres partidaria de poner deberes para casa?

E.M.: "Pues es una pregunta que tiene sus matices. Yo creo que los deberes obligatorios de los niños, durante los primeros años deberían ser jugar y estar con la familia. Para ello, toda la sociedad debemos hacer fuerza en el tema de la conciliación y de horarios flexibles que lo hagan posible. No es normal que los niños pasen horas en el colegio y que luego, además, tengan que estar dos o tres horas haciendo fichas repetitivas. Al menos, en Primaria deberíamos cuidar esos años, ¡mucho más en infantil, por supuesto!

Y en secundaria y bachillerato pues habrá que hacer una buena gestión de los tiempos de clase -tanto por parte del profesor como de los alumnos- y, si tienen que llevar tarea, confío en que los profesionales sepan el grado de dificultad y tiempo que les llevará a sus alumnos hacerlo. Hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, los deberes crean desigualdades, porque no todas las familias tienen el mismo soporte económico o de estudios para poder ayudar a sus hijos. Pero entiendo que, si los profesores mandan deberes en cursos avanzados, serán los necesarios y no para acostumbrarlos a calentar la silla".

NK:  ¿Están bien gestionado el tiempo libre de los niños con las actividades extra escolares y las clases de refuerzo?

E.M.: "Pues esta gestión la deben de hacer los padres y los niños, claro. Hay niños que tienen muchísimas ganas de hacer muchas actividades extraescolares y aprender fútbol, baloncesto, piano y ajedrez, y se apuntan a todo. Si a esto le sumamos que, a veces los padres nos liamos la manta a la cabeza y decidimos apuntar a nuestros hijos a todo y, además, a las mejores escuelas -añadiéndole tiempo de carretera, atascos, meriendas en el coche y estrés-, podéis imaginar que no estamos haciendo una buena gestión de nada.

A veces los padres, queriendo hacer lo mejor por nuestros hijos, nos metemos en demasiados embolados. Quizá podemos gestionar mejor esos tiempos si, en lugar de ir a la escuela de música que está al otro lado de la cuidad, van a la casa de la cultura que tenemos cerca de casa o es la abuela, la vecina o un estudiante quien le da las clases particulares, ¿no os parece? El tiempo libre debería de ser para disfrutarlo, jugar, saltar, correr, estar en contacto con la naturaleza, cocinar, leer, inventar historias, pintar, estar con la familia… ¡y aburrirnos! Del aburrimiento también se aprende".

NK: ¿Es fácil que los niños compaginen estos principios en clase con el ritmo de vida de la sociedad?

E.M.: "El ritmo de la sociedad es frenético, es verdad. Pero sólo se es niño una vez y, además, la infancia no dura demasiado. Por eso es mejor disfrutarla y saborearla, sin adelantar cosas. Se puede aprender sin forzar la maquinaria, permitiendo que se asombren, que tengan ganas de saber y, a partir de ahí, buscar información, compartir, trabajar y aprender. A veces el ritmo lo tenemos que parar los adultos y no meterles tanta prisa a ellos por crecer, porque sean independientes, autónomos y mayores. No son adultos en pequeño, son niños y llevan un ritmo ¡de niños!"

NK: En esta sociedad, en la que vivimos cada vez más deprisa, en la que se valora al que más cosas hace en menos tiempo, ¿cómo se puede luchar contra la "mala prensa” que ir más lento?

E.M.: "Yo creo que cada vez hay más personas que se van bajando de este ritmo y deciden saborear cada instante de la vida. Hay mucha gente que se ha marchado de las grandes ciudades para vivir en el campo e ir al colegio dando un paseo o en bici. Cada vez hay más gente que prefiere una tarde de parque con su hijo -aunque sea mediante una reducción de jornada- que el hecho de que tengan un cumpleaños que parezca una comunión.

Vivir más lento no implica que los niños aprendan menos, sino de darles tiempo para que madurativamente estén preparados para asimilar la información; descubrir sus talentos y potenciarlos; escuchar más y observar por dónde podemos hacer brillar a ese pequeño diamante que tenemos como hijo".

NK: Cómo te imaginas la educación del futuro.

E.M.: "Yo espero que la sociedad empiece a valorar, realmente, al profesorado que tenemos. Que lo cuide y lo mime porque creo, sinceramente, que(,) sin la educación, no podríamos crecer ni como país ni como sociedad. Me gustaría que la educación del futuro se vaya adaptando cada vez más a lo que nos demandan los niños y los jóvenes, a un aprendizaje más cooperativo y menos competitivo, porque juntos somos más, siempre.

Quiero una educación en la que la diversidad esté en el aula, en las casas y en la vida. Me gustaría que se educara a los niños en que no siempre se gana, pero siempre se aprende; que hay que luchar por las injusticias y ser personas formadas en valores, que sepan caer y aprendan a levantarse para convertirse en adultos resilientes, capaces de sobreponerse ante la adversidad y, sobre todo, con capacidad para ajustarse a un futuro que es incierto, pero que seguro que salen adelante. Confiamos en ello. Confiamos en ellos".