«Estamos asistiendo a una verdadera revolución encubierta en la educación”

marzo 3, 2017

Javier Espinosa Gallardo es un joven profesor madrileño que un día descubrió la Gamificación, hecho que le cambió la vida y su forma de enseñar. Ahora es él quien trata de transformar la manera de aprender de sus alumnos a través del juego. Su experiencia en educación no formal ha sido uno de los pilares sobre los que ha desarrollado su metodología en diversos centros de la Comunidad de Madrid. El Ministerio de Educación le concedió en 2015 el Premio Nacional de Educación a Equipos Docentes en el Uso de las TIC, por el proyecto realizado junto a Jaione Pozuelo y Carlos Mata, Class of Clans. Trabajo que también reconoció SIMO 2015 otorgándoles el premio a la Innovación Educativa. 

 

NK: ¿Cómo entras en contacto con la Gamificación?

Javier Espinosa: “Todo lo que hacemos ahora está ya descubierto. La gamificación lleva inventada desde los romanos. Yo entro en contacto viendo una conferencia de un profesor que se llama Paul Andersen. Sus dos primeras frases en esa charla fueron: ’Soy Paul Andersen y mi clase es un videojuego’. Me cambió la vida. De hecho, ha sido el punto de partida de mucha gente vinculada a la gamificación, de todos aquellos que creamos sistemas de juego en las clases. También, como dato curioso, casi todos los que hacemos gamificación venimos de un plano de educación no formal, hemos sido monitores de tiempo libre, educadores ambientales, etc. Aunque tengamos nuestras carreras hemos tenido un contacto con ese otro tipo de educación. Partimos de disciplinas muy dispares, pero muy similares a la vez. Todos tenemos un compromiso social muy importante, somos muy emprendedores sociales y con una misión/visión muy parecida: transformar la educación. Cuando me jubile dentro de 35 años espero ser mucho mejor profesor que ahora, estando siempre en una formación permanente”.

NK: ¿Acogen los alumnos bien las nuevas herramientas educativas?

J.E.: “¿Atraen las novedades a todos los chavales? Pues según la neurociencia, sí. Los niños, cuando reciben alguna novedad, se les activa el hemisferio derecho, les estamos abriendo los canales para que la información entre mejor. Siendo realistas, cuando empiezas a hacer metodología, aunque tengas al alumno activo en el aula, siempre hay cierto número de alumnos que no se prestan a las actividades, que lo que quieren es continuar pasivos. Es el resultado haber fomentado sociedades de gente pasiva, desde la escuela hasta todos los servicios. La tendencia a la que vamos es esa, que te lo den todo hecho o que te lo lleven todo a casa. Partir de esa pasividad del alumnado y querer ponerles a hacer algo es un esfuerzo tremendo, romper con ese paradigma supone mucho trabajo. Pero está demostrado que si el niño hace cosas, el niño aprende. 

A muchos alumnos el sistema tradicional les funciona. El profe cuenta su película y yo si quiero le hago o no. Luego llego a mi casa me enchufo la información, la vomito y tal como la suelto en el examen, la olvido. Es una educación absolutamente bulímica. Si a este tipo de alumnos les pedimos que tengan que trabajar por proyectos, que tengan que poner en práctica habilidades que les harán falta en un futuro, relacionadas con los contenidos… pues no quieren. Porque lo que hacemos es pasarles la pelota. Ahora la información es suya, la información está en Google y es el alumno el que tiene que ponerse a jugar con ella, a sacarle el jugo. Y a muchos esta nueva situación no les interesa». 

NK: ¿Y los centros escolares y las instituciones oficiales?

J.E.: “A nivel institucional, en 2015 hubo una orden, cuando salió la LOMCE, que nos marcaba las estrategias y las propuestas a nivel metodológico y didáctico que debíamos seguir. Son 5 párrafos que te dicen cómo tienes que trabajar en tu aula. Una de las herramientas que nos indicaron fue el aprendizaje basado en proyectos, porque es el modelo hacia el que tendemos a nivel económico. Modelo que busca que los niños sean capaces de trabajar en equipo, cooperen y trabajen en diferentes disciplinas. Fundamentalmente se busca que tengan la capacidad de aprender a aprender». 

NK: ¿No existe el riesgo de que estas herramientas puedan convertirse en una moda pasajera?

J.E.: “Para evitar eso hay que crear estructuras, hay que tener la filosofía de que el nuevo docente —que no es para nada nuevo— ha llegado para quedarse. Esto supone que hay que coger el barco y que todos nos subamos. Habrá gente que no va a querer participar al principio y otros que sí que lo van a querer hacer. Según la Teoría de la Difusión de las Innovaciones, el 16% de la gente que implementa una innovación puede producir un cambio real sobre la sociedad. Ese 16% ya existe a nivel docencia, pero es necesario crear estructuras, comunidades, asociaciones de profesores, etc. Y no sólo profesores, es imprescindiblel incluir a los alumnos y a sus familias. Es necesario porque, por ejemplo, en el último Open Space de Ideas que se ha celebrado para padres y profesores, los alumnos nos preguntaban ¿y nosotros dónde estamos?, estáis hablando de nuestra formación pero no nos ponéis a debatir, a discutir, a pensar. No contáis con nosotros”.

NK: ¿Ha aumentado el número de profesores comprometidos con cambio de modelo educativo?

J.E.: “Son muy pocos los educadores que emplean ya sólo la clase magistral. Y hacen mucho daño: un solo profesor malo causa mucho más perjuicio que el que puedan solventar 50 profes buenos. Y es una pena. El docente que tiene que mandar muchos deberes lo hace porque no tiene una buena estrategia de clase o porque tiene una ratio muy elevada y no es capaz de trabajar de una forma diferente, que atienda las necesidades de los chavales. Por ejemplo, se está implementando hacer aprendizaje cooperativo —que para mí es uno de los más básicos—, y muchas veces los profes se quejan de que los alumnos no saben cooperar, pero cómo vamos a enseñarles a colaborar si los propios docentes no sabemos cooperar. Es el eterno dilema entre modelo y modelaje”. 

NK: ¿Valora la sociedad el papel del profesor?

J.E.: “Ahora mismo ser profesor no mola. Los jóvenes, cuando están en la escuela, piensan que ser educador es algo de segunda. Si haces una encuesta te saldrá que casi nadie quiere ser profesor. Habrá otros que sí, por vocación. Pero no ven la profesión de educador como algo que les va a hacer sentirse completos, llenos y felices. Hace falta mucho trabajo en ese sentido. Yo tengo un sueño y es que los profes seamos tan de élite que cualquiera que intente ser profesor no lo tenga fácil, por el grupo de docentes que va a tener como compañeros, que le haga plantearse si va a estar a la altura o no, por el nivel que tienen y si va ser capaz de llegar a igualarlo. También tenemos que pasar del docente de aula al docente de comunidad, para que los niños tengan una verdadera igualdad de derechos a nivel educativo, tengan el docente que tengan y residan donde residan, deben existir unas prácticas docentes muy similares”.

NK: Y en este nuevo paradigma, ¿cuál va a ser el papel del profesor?

J.E.: “El profe es el guía, el que establece el itinerario, el encargado de marcar el camino para investigar, para descubrir. Es el docente quien debe establecer el escenario: vamos a trabajar sobre tal o cual materia y en de qué manera hacerlo. Su papel, desde el punto de vista de la gamificación, varía totalmente. El profe pasa de ser un simple transmisor de conocimientos a un generador de experiencias, donde los chavales experimentan poniéndose en las zapatillas de un científico, un explorador… y tienen que pensar como piensan esas personas. El perfil del profesor del futuro es el de un educador/investigador que no tiene miedo al fracaso, que no tiene miedo al error, que reevalúa sus prácticas docentes y que se pone en contacto con otros profesores para mejorar su prácticas. Todo esto que digo ya existe, y no son una minoría; todo lo contrario, es la inmensa mayoría. Hay un talento brutal entre los educadores, estamos asistiendo a una verdadera revolución encubierta en la educación”.

NK: ¿Eso supone el fin de las clases magistrales?

J.E.: “La clase magistral funciona siempre que se apoye en tres pilares: el docente tiene que ser un perfecto conocedor de su materia, tiene que ser un perfecto motivador y tercero, es que debe ser un perfecto comunicador. Si se cumplen estas tres premisas, la clase magistral es una magnífica herramienta. Pero con unos currículos tan amplios es imposible ser expertos en tantos aspectos. Es imposible que un profesor tenga 13 unidades didácticas y sea diestro en todas y cada una de ellas, y que las pueda transmitir de forma oral. Hay ciertos aspectos de la clase magistral que me encantan; sobre todo, esa parte en la que profe crea una buena narrativa, que unida a la gamificación, el uso de humor, el uso de historietas… atrae la atención del alumno”.

NK: ¿Con estas nuevas metodologías se capta mejor la atención del alumnado?

J.E.: “Uno de los retos del docente es conocer cómo funciona la neurobiología del aprendizaje, cómo funciona el cerebro, y ser muy eficaces en ese sentido. Si nosotros sabemos que el periodo de atención del alumno es de 10 a 20 minutos, lo que no podemos es tenerlos escuchándonos 50 minutos, porque es imposible. Sí que podemos establecer en nuestro diseño de aula periodos que hagan que cada 10 o 15 minutos haya una ruptura, creando una disonancia cognitiva, un misterio, un extrañamiento o una sorpresa que hagan que el alumno vuelva a conectar durante otro ciclo de 10 o 15 minutos. Es una de las cuentas pendientes que tiene el profesor, especialmente el de Secundaria, somos expertos en nuestra materia pero nos cuesta hacer un buen diseño sobre cómo tienen que trabajar los alumnos. Yo siempre hago dos preguntas: qué es mejor para los docentes y qué es mejor para los alumnos. Los profesores siempre pensamos qué es lo mejor para nosotros en lugar de ponernos en el lugar de los alumnos. Muchas veces yo me llevo unas zapatillas a los encuentros para que los educadores se pongan en el papel de los alumnos. Y la pregunta mortífera -me encanta esta palabra- que les suelo hacer es: si fueses tu propio alumno ¿te darías clase así o lo harías de otra manera?» 

 NK: ¿Cómo te imaginas la educación del futuro?

J.E.: “El otro día leí un artículo muy interesante de José Luís Redondo, que es un profe que me encanta por su versatilidad y es una verdadera referencia para mi, titulado La escuela de mis sueños: la escuela inclusiva. Creo que tiene que ser una escuela en la que, independientemente de las capacidades que tengas, puedas desarrollarte como persona, con independencia de si tienes alguna discapacidad o dificultad de aprendizaje. Una escuela en la que los profes tengan una formacion permanente, en la que las familias vuelvan a los centros —familias y centros deberían ir siempre en la misma dirección— y sobre todo, tiene que haber un movimiento social muy potente para cambiar la sociedad: las ciudades tienen que estar adaptadas a los niños y no a los adultos como hasta ahora. Para eso tiene que haber un cambio radical a nivel cultural y de pensamiento. Cuando vas a un restaurante y hay un bebe al lado, si empieza a hacer ruido, la primera preocupación de la madre es que se calle y no moleste. Cuando lo que está haciendo el niño es descubrir el mundo y cosas que no ha visto antes. Tendría que ser una fiesta que el niño esté aprendiendo y no que fuese un expatriado dentro del comedor. Es una sociedad ‘adulterada’, como yo la llamo, una sociedad sólo para adultos. Es la razón por la cual la infancia cada día dura menos”.

No sabemos qué trabajos van a existir el día de mañana. En el 2050, habrán desaparecido un alto número de empleos porque va a estar todo mecanizado y desconocemos qué nuevos oficios van a surgir. Lo que sí sabemos son las habilidades que se van a necesitar, como la creatividad, tan importante como saber leer, escribir o sumar. Creatividad que se tiene que desarrollar desde niños y nuestra obligación es proporcionarles las aptitudes para poder utilizar la formación adecuadamente en diferentes contextos y según sus necesidades. Los profesores tenemos que conseguir que los chavales desarrollen esas capacidades que les harán falta hoy, mañana y pasado”.

NK: ¿Actualmente existe relación entre el colegio y la ciudad?

J.E.: “¿Dónde hay más éxitos en los colegios? Sin duda en las escuelas rurales. ¿Por qué? Porque hay una integración familiar, contextual, cultural… con las escuelas. Las familias forman parte de la cultura del centro, son parte de esa comunidad de aprendizaje. Por eso tienen éxito esos colegios de poblaciones más pequeñas. No hace falta irse a Finlandia para ver que se hacen cosas increíbles. Aquí, en España, tenemos escuelas rurales que hacen autenticas maravillas. Las ciudades tienen que cambiar a nivel estructural y de dimensiones, al igual que la manera en la que hemos planteado nuestra sociedad. Pero para eso tienen que venir nuevos adultos que las diseñen, que hagan del mundo un lugar mejor. Los niños tiene que ver que su misión es esa, hacer del mundo un lugar mejor y no solamente ganar dinero. Es un cambio cultural brutal”.

NK: ¿Cómo se puede fomentar esa interacción sociedad-centro escolar?

J.E.: “Hace unos días, un compañero me decía que ojalá en el futuro las escuelas se conviertan en los nuevos centros de innovación. Me encantó la idea, pues al final quienes tienen la capacidad de innovar y de hacer del mundo un lugar diferente son los niños, porque ven que otro mundo es posible. Sería la escuela ideal. Imaginemos que cualquier cosa que se quiera diseñar parta de los niños. Todos hemos sido niños e intentábamos llevar a cabo esos sueños que teníamos. Es utópico, pero ya está sucediendo, hay niños y adolescentes que inventan cosas maravillosas que están transformando el mundo gracias a su creatividad. Los países en vías de desarrollo son un ejemplo de ello”.

NK: En 2015 recibiste, junto a Jaione Pozuelo y Carlos Mata, el Premio Nacional de Equipos Docentes en uso de las TIC, por vuestro proyecto Class of Clans, una propuesta de gamificación interdisciplinar, ¿qué supuso para ti recibir ese reconocimiento?

J.E.: “Nos lo dieron casi por casualidad. Nos avisaron los últimos días y Jaione decidió darle un toque final al proyecto que ya teníamos más o menos redactado. En agosto/septiembre nos llamaron para que fuésemos cambiando las fotos que teníamos en Class of Clans, y empezamos a sospechar que había posibilidades. Me acuerdo que estaba volviendo a casa cuando me llegó un mensaje, al chat que tenemos los tres en común, en el que ponía que nos habíamos llevado el premio. Fue algo bastante curioso, porque me llevo fenomenal con Jaione y Carlos, y son muy vacilones conmigo, ‘no me fío de estos dos’, pensé. Hasta que no llegué a casa y vi el mail oficial con el premio no me lo creí. Realmente fue muy satisfactorio que reconocieran nuestro trabajo y esfuerzo. Sobre todo cuando ese reconocimiento viene de las autoridades educativas, ya que parece que lo que hacemos está un poco fuera de la oficialidad, pero nosotros nos ajustamos a la ley y a lo que se nos pide a nivel de la programación didáctica. 

El premio es algo secundario, te da reconocimiento, pero la mayor recompensa la recibí de mis alumnos, que se engancharon mucho a la historia. ¿Cómo sabemos que fue así? Pues pudimos comprobarlo a nivel de calificaciones y de motivación en el aula pero, sobre todo, lo valoramos a nivel de personas, que al final es lo que cuenta. Cuando presentamos el curso en SIMO decidimos llevarnos a los chavales, y vinieron un montón, más de 20. Que estuvieran allí y contaran sus experiencias fue brutal, muchos de ellos participaron en la presentación del proyecto.

La presentación fue algo muy emotivo… Que 20 niños vinieran a SIMO y contaran como se sentían, que pasó en las clases, cómo lo vivieron, etc., etc. ¡Pues no tiene precio!  Es donde te das cuenta que marcas la diferencia y es con lo que te quedas para siempre. Me da vergüenza a veces decirlo, pero sí que te da un espaldarazo. En el cetro de Navalcarnero monté otro proyecto al año siguiente y confiaron mucho más en mi, gracias ese Premio Nacional. Te motiva para hacer cosas nuevas y es un refuerzo para ver que estamos en el buen camino, certificado, además, por la gente del Ministerio”.

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