Hay que ajustar la educación a cada niño, pero también a cada profesor

diciembre 20, 2016

Javier Andrés Blumenfeld Olivares es pediatra, licenciado por la Universidad Complutense, y miembro del Observatorio para el Desarrollo de Innovaciones en el Ámbito Educativo. En la actualidad desarrolla su actividad profesional en la sección de Pediatría del Hospital de El Escorial. Ha tenido especial relevancia pública su interés por los niños con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). Realizó un Máster en Endocrinología Pediátrica y Nutrición en la Universitat Autònoma de Barcelona, faceta de su carrera que tomó forma en Chef Pepo, un programa educativo para enseñar a cocinar sano a niños y padres de una manera divertida; junto a Bartomeu Ferra Duran, Miguel Estelrich y Yiyo Rubio. Otro de sus proyectos más innovadores es Chiquichefs, fórmula dedicada a mejorar la educación sanitaria mediante la innovación educativa. En 2006 recibió el premio de Investigación Social Caja Madrid por su trabajo ‘El niño inmigrante con cáncer: un paciente más que vulnerable’.

NeuroK: ¿Cómo llegas al mundo de la neuroeducación?

Javier Blumenfeld: “Hace 5 años montamos una consulta monográfica sobre TDAH y nos dimos cuenta de que lo más importante es el manejo conjunto de este trastorno con los colegios. Nos ponemos en contacto con los docentes para intentar formarles en el tema, y resultó que las cosas que son buenas para mis pacientes también son buenas para todo el conjunto de los alumnos, porque conocer los déficit de atención es beneficioso tanto para los niños que sufren este trastorno como para los que no. A partir de aquí comienzo a interesarme por cómo funciona y cómo aprende el cerebro y, de una manera fortuita, llego al mundo la neuroeducación”.

NK: ¿Cómo influye la concentración en el aprendizaje?

J.B.: “El aprendizaje depende, sobre todo, de los niveles de atención. Si no tenemos una buena concentración nuestra capacidad de aprendizaje es muy bajita. Siempre pongo el ejemplo de una persona que está leyendo un libro y escuchando a la vez la conversación de al lado, la información del libro a tu cabeza pasa muy mal. Sin embargo, si estás concentrado sólo en el libro, la información se procesa perfectamente. El aprendizaje se basa en cambios neuronales, para que aprendamos algo tenemos que generar un cambio en nuestras neuronas, un cambio sináptico. Para llegar a la estación final, que es el aprendizaje, el turbo en esos cambios es la concentración. A los niños que carecen de esa concentración les es mucho más costoso aprender”.

NK: ¿Cómo podemos aplicar a las aulas estos principios?

J.B.:  “Imaginemos, por ejemplo, que el cerebro es un motor en el que podemos reforzar el aprendizaje por varios canales, nos acordamos más de lo que aprendemos al mismo tiempo de una manera visual, de una manera auditiva, etc. Otra manera de implementar el aprendizaje es favorecer que los niños se muevan. Utilicemos, pues, el ejercicio para adquirir conocimientos, ya que el nivel de aprendizaje es mayor cuando estamos activos. Es importante que los niños no estén tanto tiempo sentados en clase aprendiendo porque es mucho menos eficaz. También es fundamental la emoción, pues activa una parte de nuestro cerebro llamada amígdala, que funciona como un turbo de nuestro aprendizaje. Un niño que tiene un problema de atención, si logramos emocionarle, es capaz de aprender mejor. Incluso hay niños que no son capaces de concentrarse en nada pero les gusta una determinada materia, como por ejemplo las serpientes, y son capaces de estar cuatro horas seguidas aprendiendo sobre el tema. Otra cuestión que es esclarecedora: en el aula no tiene ningún sentido que los aprendizajes matemáticos se centren en temas totalmente alejados de la realidad de los niños: hablarles de un tren que sale de Barcelona y otro que sale de Zaragoza y que averigüen en qué punto se encuentran no tiene sentido, porque está fuera de su realidad. Hay que buscar otros medios alternativos y más cercanos a los niños, que logren generarles interés”.

NK: ¿Cómo están aceptando los colegios estos postulados?

J.B.: ¡Qué pregunta más complicada! Yo he sido muy crítico con el sistema educativo y he criticado mucho la LOMCE. Incluso he hecho un video que se llama ‘Neuroeducación contra la LOMCE’, pues me parece una ley espantosa. Pero después de criticarla tanto creo que hay algo que va más allá de la legislación. En mi experiencia me he encontrado colegios con un método buenísimo que no llegan a enseñar nada y colegios con métodos espantosos que enseñan fenomenal. Todos conocemos profesores con métodos convencionales que dan unas clases maravillosas, que motivan a sus alumnos, que logran influirles de manera muy beneficiosa. Y todos hemos tenido, también, profesores súper guays que no han significado nada en nuestras vidas. Hay algunas personas que tienen algo, no sé si denominarlo empatía, que aunque utilicen un sistema considerado antiguo, logran su objetivo. Si a eso le uniéramos un método bueno… Sería ya alucinante. Y hay otras personas que no funcionan en el aula, ya pueden utilizar juegos o cualquier otro principio neuroedidáctico, que no consiguen llegar al alumnado. Con sinceridad, no sabría decir con certeza dónde radica el secreto”.

NK: ¿Y los profesores?

J.B.: “Por parte de los profesores existe una conciencia de que hay algo que está fallando, que no funciona en las aulas. Cada vez veo más gente interesada en el tema. Es cierto que hay también mucha presión hacia los docentes; un montón de gurús, entre los cuales me incluyo, que sin haber dado nunca clase les estamos diciendo lo que tienen que hacer, situación que parece empezar a cansarles. Lo que sí te digo, es que hay cada vez más docentes preocupados y motivados que están utilizando métodos diferentes, desde los más convencionales, los menos convencionales, gamificadores, etc. Mucha gente está empezando a encontrarse a sí misma como profesores. En mi opinión es una cuestión más de elección de personal que del método empleado en sí. Yo, que me he quejado mucho de la LOMCE, prefiero una mala ley con profesores motivados, que una ley magnífica, como fue la LOGSE, y que los docentes no la entiendan o no puedan aplicarla por falta de medios”.

NK: ¿Estás esperanzado con que se produzca el cambio de paradigma a medio plazo?

J.B.: «En mi opinión, no depende tanto de las leyes como de las personas, repito. Me da igual la ley, prefiero unos profesores motivados que crean en lo que hacen, que una ley mejor y que continúe con esta desmotivación generalizada que existe en muchos casos. A mi me pasa mucho en la consulta: el mejor profesor de neurodidáctica es el padre de un niño con TDAH. Algo cambia en su interior que empieza a enseñar de manera diferente, y ellos mismo dicen que ‘desde que sé estas cosas mi clase ha cambiado’. Y no te creas que es una formación muy profunda o de muchas horas, consiste más bien en empatizar, profundizar, entender… No sé muy bien en qué consiste el cambio, pero se produce. En gente, incluso, que antes negaba estas cuestiones. Estoy esperanzado en que se produzca el cambio pero, sinceramente, no creo que venga acompañado de una ley».

NK: ¿Qué papel tiene la educación emocional en estos procesos?

J.B.: “Es tremendamente importante en dos aspectos. El primero es que conocer las emociones ayuda mucho a manejarlas. Lo que conocemos como inteligencia emocional es, en realidad, darle nombre a cada emoción. Son importantes las emociones de los alumnos, pero también son claves las emociones de los profesores, que rara vez se tienen en cuenta. Es preocupante ver niños desmotivados, pero es mucho más grave ver profesores carentes de motivación. Tenemos que trabajar la educación emocional en ambos sentidos. La emoción como motor de aprendizaje es clave. Cuando emocionas a alguien, si consigues emocionar a los niños, su capacidad de aprendizaje se multiplica exponencialmente y sí que están haciendo un aprendizaje real. Hace un tiempo hice un experimento en mi casa. Siempre me ha parecido absurdo que los niños de 5 y 7 años se aprendan los nombres de los huesos del cuerpo humano. En cierta ocasión que yo no quería celebrar Halloween, les puse como condición que si hacíamos una fiesta tendrían que disfrazarse de esqueletos y memorizar los huesos. Se los saben todos. Fue un experimento personal, pero sirve de ejemplo de cómo, al estar emocionados con Halloween, se sentaron y memorizaron todos y cada uno de los huesos. ¿Por qué no usamos más este tipo de herramientas? Si partimos de sus necesidades, esa emoción puede mejorar su capacidad de aprendizaje. El otro aspecto fundamental de la educación emocional es comprender las emociones del otro, lo que hace que nuestras habilidades sociales sean mejores, que entendamos otras emociones que no son las nuestras y, de paso, mejoramos el ambiente del aula. La empatía es una parte fundamental de la educación emocional».

NK: ¿Qué consecuencias tiene adelantar objetivos en la escuela?

J.B.: “Muchas y muy malas. Pasa habitualmente con la lectoescritura, para la que cecesitamos, además de los sistemas lectores, la discriminación auditiva. Muchos niños tienen esta capacidad a edades tan tempranas, pero hay otros muchos que no. Es mejor esperar y luego dar más velocidad en primero o segundo. Si les presionamos podemos producirles problemas de autoestima, además de una dislexia. No ganamos nada con que un niño que tenga estas habilidades desarrolladas lea con 4 o 5 años; y sí perdemos muchísimo si ese niño no tiene los motores activos. La gente que lo hace desconoce el funcionamiento del cerebro”.

NK: ¿Qué te parece la nueva valoración del error como medio de aprendizaje?

J.B.: “El error es un tema cultural más que otra cosa y en España lo penalizamos demasiado. De EE.UU. me encanta que tienen una especie de currículum negro que les interesa muchísimo a la hora de hacer entrevistas de trabajo: te piden que les muestres tus fracasos. Si ya has fallado tres veces a la hora de montar una empresa, esos mismos errores no los vas a volver a cometer de nuevo. Hay que que desmitificar el error y verlo como algo que es necesario y hasta positivo. Todos nos equivocamos y esto hay que verlo como una parte más del proceso de aprendizaje. ”.

NK: ¿Qué opinión tienes de los medios de evaluación?

J.B.: “No soy un experto en ello. Conozco a muchos niños que sacan buenas notas y que no saben nada de lo que han estudiado, ya que lo han hecho de una manera vacía y sin conexión con su realidad. Puedes memorizar la lista de reyes Godos, que no te sirve de nada si no sabes lo que hicieron o no conoces su conexión con la realidad histórica”.

NK: ¿Qué consecuencias tiene el estrés en los niños?

J.B.: “El estrés es incapacitante. Si estresamos a los niños, disminuimos su capacidad de atención. El proceso de aprendizaje consta de una codificación de la información, luego se produce un proceso de  almacenaje y el tercer paso es la descodificación y su utilización. El procedimiento de descodificación no funciona bien con el estrés. Hay gente sí lo hace, que maneja el estrés muy bien, pero no es lo habitual. Si ves a la chica que te gusta, a la que llevas persiguiendo un mes, te dice hola y no sabes ni cómo te llamas, es debido al estrés. Es conocido como estrés agudo. También existe otro estrés de tipo crónico, debido a una situación constante de tensión que te genera una disminución de la autoestima, de la motivación y del bienestar. Si esto está motivado con el colegio, a los niños puede producirles rechazo todo lo relacionado con su educación. La escuela les parece lo peor y no quieren asistir a clase”.

NK: ¿Hacia dónde nos llevarán los nuevos descubrimientos en neurociencia?

J.B.: “El otro día impartí una charla en un congreso de la fundación Educación Activa de MAPFRE, y una cosa que me parece fundamental –y a la que damos poca importancia–, es que si nosotros somos motores de aprendizaje, tenemos que cuidarnos como motores. Muchas veces hablamos de neurociencia y de aprendizaje y se nos olvidan premisas como dormir o comer bien, estar con la que gente que queremos, etc., que son fundamentales y mejoran muchísimo nuestro aprendizaje cuando las ponemos en práctica. A veces estamos tan preocupados por las últimas novedades en neurociencia y neuroeducación que nos olvidamos de la base. Cuando la gente comprenda lo importante que es cuidar el cuerpo físico va a mejorar bastante la situación. Soy más creyente en esto que en los avances de la neurociencia. He visto métodos magníficos aplicados por profesores desmotivados, y no funcionan; y he conocido profesores impresionantes que trabajan con métodos de toda la vida, y los resultados son increíbles. Tenemos que ajustar la educación a cada niño pero también ajustar la educación a cada profesor. Este es el paso que nos falta por dar. Para que los docentes hagan lo mejor que sepan, lo mejor que puedan y utilizando los métodos que mejor se ajusten a ellos como profesores”.

NK: ¿Qué papel van a jugar las nuevas tecnologías en la educación de futuro?

J.B.: “Son una ventana inmensa para hacer un millón de cosas; sin embargo, no consiste en que todos los niños tengan una tablet, como ya ha pasado en alguna ocasión. Me da miedo que la innovación educativa se quede solamente en eso. En un colegio cercano a mi casa están haciendo innovación educativa con la cocina, los niños están cocinando en clase. Eso sí que es moderno y tecnológico, aunque sea uno de los métodos más antiguos que existe. La tecnología es una herramienta potentísima, pero si no cambian otras cosas más importantes, sirve de poco. Antes de ir a la tecnología hay que cambiar algunos pasos anteriores, que cada profesor se pregunte qué procedimientos está empleando con sus alumnos, y si no llega con esos medios, es entonces el momento de usar la tecnología. No quiero que parezca que estoy en contra de la tecnología, en absoluto, pero me da miedo una tecnología vacía”.

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