Los alumnos deben ser constructores activos de su propio conocimiento

enero 13, 2017

Su nombre es Carlos J. Rodríguez aunque ha trabajado muchos años con el pseudónimo de Carlos Albalá.  Madrileño de alma extremeña, actualmente reside en Múnich (Alemania). Es Doctor en Educación dentro del Plan de Innovación Didáctica en la Sociedad del Conocimiento y con el Título: “Ambientes de aprendizaje colaborativo en comunidades artístico-pedagógicas”. Es licenciado en Psicología Social y también cursó el Máster Universitario en Formación del profesorado en ESO y Bachillerato, FP y Enseñanza de Idiomas en la especialidad de Orientación Educativa.

Lleva vinculado al mundo de la  educación más de dieciocho, en diferentes ámbitos: Educación Primaria, Secundaria, Personas con Discapacidad, Educación de Adultos…  Pero en los últimos ocho años, ha estado vinculado a la creación y desarrollo de programas educativos relacionados con el aprendizaje colaborativo, la importancia del ambiente en el trabajo con grupos, contenidos digitales y el uso de la cultura visual como herramienta pedagógica y creativa.

 

NeuroK: ¿Cómo comienza tu interés por el mundo de la docencia y el aprendizaje?

Carlos J. Rodríguez.: “Desde hace ya años he estado vinculado de una manera u otra a las prácticas educativas con la firme idea de colaborar junto a otras personas tratando de facilitar espacios, generar proyectos y compartir experiencias. En noviembre de 2011, cuando me decidía si me aventuraba a escribir mi tesis doctoral para poner orden y sentido a mis últimas experiencias, cayó en mis manos el cortometraje En rachâchant.

La historia gira en torno a la rebelión de un niño, Ernesto, que se niega a recibir más educación escolar porque dice que le enseñan cosas que él no sabe. Ernesto decide no «jugar» al juego de la «educación obligatoria», afirma su decisión de presencia al margen y con libertad de interpretación. Hay algo de Ernesto con lo que me sentí inmediatamente identificado a nivel biográfico y profesional.

Y creo que de alguna manera, es desde dichas experiencias vitales donde se originan mis vínculos con la educación. En primer lugar fui teóricamente un “mal” estudiante hasta llegar a la Universidad (según los estándares de la época) y sentí en mi piel el rodillo e injusticia de la educación rancia que aparta, estandariza y no aporta un verdadero crecimiento personal a los alumnos/as. Esas vivencias junto con un bonito comienzo trabajando en comedores escolares cuando tenía 18 años, me hizo pensar que la educación podía ser una área donde podría desarrollar mi carrera profesional de la forma más honesta posible y aportar mi granito de arena”.

NK: ¿Qué es un facilitador educacional?

C.J.R.: “No soy muy amigo de la etiquetas o –ismos pero hace no mucho, cuando analizaba mi trayectoria profesional y mi posicionamiento, me di cuenta de que ser profesor/ra debía ir, bajo mi punto de vista, más allá que la de ejercer bajo un rol tradicional directivo, unidireccional y preocupado únicamente en la transmisión de conocimientos. A cambio, considero que su función debe ampliar miras y focalizarse en gestionar al grupo actuando como facilitador, orientador y coordinador, y ayudándolo a resolver conflictos, gestionar sensibilidades, proporcionar recursos, proponer metas o actuar como mediador temporal, entre otras funciones. Quizá la palabra facilitador era la que más se ajustaba a mi labor de los último años y lo que considero que un profesor puede aportar con su hacer.

De la misma forma los alumnos y alumnas deben ser constructores activos de su propio conocimiento durante el proceso de aprendizaje, generándose un pensamiento crítico en relación con el conocimiento transmitido por el profesorado o el currículo”.

NK: ¿Sobre qué versa tu tesis «Ambientes de aprendizaje colaborativo en comunidades artístico-pedagógicas”?

C.J.R.: “Mi tesis transita desde varios focos que he tratado de aunar a través de cinco experiencias reales desarrolladas dentro del Proyecto Bside (www.proyectobside.com). Estos focos son el aprendizaje colaborativo, la importancia del ambiente como agente pedagógico, las prácticas artísticas como herramienta y recurso y la autogestión como alternativa educativa construida en comunidades temporales de investigación-acción participativa.

Sin duda, el espacio troncal de la tesis es el aprendizaje colaborativo entendido como una herramienta pedagógica aplicable en diferentes contextos educativos y que considero firmemente que genera numerosos beneficios si se lleva a cabo de forma adecuada. Existen evidencias de que, en los entornos educativos que lo ponen en práctica de forma adecuada, el alumnado logra un aprendizaje más equilibrado, autónomo y significativo; mejorando las actitudes proactivas y ayudando a construir un clima más sostenible dentro del aula, a nivel psicológico y social y fomentando el pensamiento crítico y participativo. Y es desde esta perspectiva y posicionamiento donde he tratado de demostrar con grupos reales que dicho beneficios son tan importante como para tenerlo en cuenta en la elaboración de cualquier programa o acción educativa.

Como afirmo en mi tesis en relación a dichos procesos, en el aprendizaje colaborativo un grupo de personas comparte experiencias y conocimientos con el fin de lograr una meta común. Durante su práctica, se dislocan las lógicas de poder entre sus participantes y se generan dinámicas relacionales basadas en el diálogo y el consenso. Su desarrollo proporciona herramientas de actitud crítica, emancipada y transformadora en relación a la representación individual y colectiva de la realidad”.

NK: ¿Qué papel jugará el aprendizaje cooperativo en la educación del futuro?

C.J.R.: “Debe jugar un papel fundamental. La construcción del conocimiento es un proceso que se desarrolla a lo largo de toda una vida, y en él nuestra mente se interconecta con todo lo que nos rodea. Este proceso lo hacemos en comunidad desde hace miles de años y por tanto el aprendizaje cooperativo o colaborativo ha estado ahí, está y estará. Lo único que no ha tenido hasta hace “poco” la presencia que merece ya que de forma tradicional los programas educativos han estado focalizados en dinámicas individualistas-competitivas y poco participativas.

El aprendizaje colaborativo o cooperativo es fundamental para tener ciudadanos autónomos y participativos. Afortunadamente es ahora cuando se comienza a tratar este tipo de aprendizaje de una forma más activa y real. Pero aunque tiene mucha presencia en los círculos educativos como concepto e idea, creo que todavía queda mucho por hacerse en relación a su aplicabilidad real e interiorización natural dentro de la vida educativa y en sociedad”.

NK: ¿Crees que se le da importancia a disciplinas artísticas y creativas como la música, la pintura, la fotografía, etc.?

C.J.R.: “Lamentablemente muy poca o ninguna en relación a la potencia y posibilidades que albergan. Me llama mucho la atención que la educación artística y su derivada en las artes y cultural visual haya sido ignorada en mayor o menor medida dentro de los sistemas educativos hasta sacarla prácticamente de las aulas. Se ha percibido siempre desde sistema educativos como algo poco funcional y residual. Llama todavía más la atención cuando en el Artículo 27. 1 de los Derechos Humanos formula el derecho del ciudadano «a tomar parte activa en la vida cultural de la comunidad y a gozar de las artes».

También recuerdo un momento especialmente interesante, cuando para mi tesis doctoral pasé un cuestionario abierto a una muestra bastante amplia de alumnos y les pregunté sobre esta cuestión. Y en un porcentaje muy alto abogaban por una mayor presencia y peso en la educación de estas disciplinas. De igual forma pensaban en líneas generales que lo poco que las había vivido había sido de una forma poco creativa y hermética para las posibilidades que consideraban que tenían bajo su punto de vista.

Vivimos en una sociedad del conocimiento llena de transformaciones subyacentes a nuestra relación e interacción con lo que nos rodea. De la misma forma al arte, o la cultura y por ende a la educación se le presenta el reto de buscar lugares de cruce para lograr una mirada hacia delante coherente, honesta e integral con las necesidades actuales y futuras; así como con la convivencia entre espacios diversos de actuación”.

El contexto de la educación artística para la cultura visual no solo acerca a una contemplación y un consumo del arte como forma de ocio sino que puede y debe ofrecer herramientas de exploración, procesos de representación reflexiva y compromisos críticos en relación con el uso del arte, su circulación y su relación con el espectador. El binomio arte/educación, actúa, en definitiva, como transformador social y cultural a través de dinámicas de integración y como mediador entre participantes y ciudadanos”.

NK: ¿Cuáles son los principales deficiencias del sistema educativo actual?

C.J.R.: “No sabría enumerar los errores que ha cometido el sistema educativo. Lo que es evidente que tiene mucho por mejorar y no debe perder el tiempo en divagaciones por parte de personas que ni conocen el entorno ni quieren conocerlo. Deben escuchar a los agentes educativos que día a día trabajan en él y conviven con el mismo.

Pensando de forma constructiva, considero que el sistema y los agentes participantes deben entender que cada entorno de aprendizaje es particular, que la atención a la diversidad es fundamental, que los procesos educativos deben ser lugares compartidos agradables y que las experiencias vividas deben construir ciudadanos autónomos, críticos y emancipados que piensen en sí mismo y sientan la posibilidad de participar y aportar a su comunidad. Creo que todo sistema educativo debe alejarse de la estandarización, el individualismo mal entendido y del hermetismo poco dinámico que le ha caracterizado desde siempre. El sistema actual debe ser consciente de que los cambios deben comenzar por tomar en serio la educación como un área vital e inversión de presente y futuro en el desarrollo social local y global. Y que no sólo es el sistema el culpable, ya que considero que todo cambio comienza por las micro-acciones de las personas que forman parte de él”.

NK: ¿Existe una conciencia de cambio en la comunidad educativa?

C.J.R.: “La verdad que desde que comencé mi periplo en educación hace ya casi 18 años, he transitado por muchas áreas y he trabajado con profesionales de muy diversos horizontes. Siempre he tenido la misma sensación: hay mucha gente con conciencia de cambio y ganas de sumar nuevas formas para mejorar y evolucionar lo que existe. Pero lamentablemente también he encontrado otros muchos que quieren mantenerse en el estado de confort de poco cambio por miedo o simplemente por pereza. Debemos sumar cada vez más personas con ganas y motivación para construir nuevas perspectivas y diversidades.

Ahora mismo se perciben muchas voces renovadoras y aparentemente unidas para generar cambios reales. Tal vez ahora el altavoz con la redes sociales y la nueva sociedad del conocimiento parece más presente que antes. Pero para mi la clave es el hacer, pasar a la acción y desde el espacio que no toca a cada uno y unión con otros poder actuar de forma real hacía dicho cambio. Si un grupo de personas consideramos que un programa o acción puede aportar algo, debemos unirnos para sacarlo adelante como se pueda dentro del entorno concreto en le que nos situamos. Si por el contrario debemos esperar a que otros los hagan o los estamentos se mojen, posiblemente quede en el olvido. En muchas ocasiones es difícil, por la cantidad de trabas que encontramos pero mi experiencia me dice que siempre se puede hacer algo, sumar un granito de arena desde una visión activa y participativa”.

NK: ¿Y en las instituciones?

C.J.R.: “La verdad que a las instituciones las veo en una posición más hermética o en falso movimiento en líneas generales. Es decir deben presentar más apoyo, ser más dialogantes y proporcional más recursos en innovación. Esa debería ser su función y se debe esperar mucho más de ellas de lo que hasta el momento proporcionan. Creo que no hay una voluntad real por el cambio en líneas generales. Aunque como decía en la respuesta anterior, eso no debe pararnos si consideramos o tenemos la oportunidad de poder hacer cosas en unión con otros o con uno mismo”.

NK: ¿Cómo es recibido este cambio de paradigma entre los alumnos y sus familias?

C.J.R.: “Creo que al final las familias y los alumnos y alumnas quieren y desean sentirse partícipes de un entorno educativo agradable y positivo. Así de simple y así de complejo tal vez. Ha habido en la historia de la pedagogía muchos intentos y procesos de cambios hacía una educación más coherente y natural. Considero que las familias y alumnos/as siempre son receptivas a buscar nuevas vías si se les deja formar parte de ellas. Hay que fomentar espacios de diálogo y consenso para entre todos asumir los cambios de paradigma necesario a nivel local y global”.

NK: ¿Cuál crees que es el papel de las nuevas tecnologías en las escuelas?

C.J.R.: “La sociedad va modificando nuestra forma de aprender, teniéndonos que adaptar a nuevas dinámicas y fuentes de información de manera equilibrada. Hoy más que nunca, las posibilidades de aprender y conocer son las mismas barreras del propio aprendizaje.

Las nuevas tecnologías han entrada muy fuerte en nuestra sociedad del conocimiento desde hace ya tiempo debido al cambio de paradigma en las relaciones sociales y el uso y transmisión de la información. Sin duda la comunidad educativa no debe quedarse al margen de estos cambios. Pero también creo que debe afrontarlo de una forma coherente, y pensando muy bien donde quiere posicionarla y que uso quiere darla adaptándola a cada contexto concreto. Creo que una parte de esa relación con las nuevas tecnologías debe estar focalizada en llevarla a un terreno sobre todo sostenible”.

NK: ¿Eres optimista con el cambio de modelo educativo?

C.J.R.: “Soy optimista sobre  las microacciones y que la suma de éstas genere conciencia de cambio. Soy optimista con personas maravillosas que hacen cosas maravillosas por construir ambientes de aprendizaje sanos, optimistas y participativos. Si entendemos los modelos educativos como un proceso macro donde las instituciones y los gobiernos son quienes deben decidir qué cosas cambiar y cuáles no, la experiencia nos dicen que son estructuras deficientes para hacerlo.

Ahora bien si en algún momento son los agentes participantes y los ciudadanos los que toman esa voz para participar del cambio o se les da la oportunidad de opinar, entonces podremos ser más optimistas a nivel institucional. Pero sin duda creo que el cambio empieza por cada uno de nosotros preguntándonos qué podemos hacer para mejorar, para aportar, para proporcionar junto a otros lugares educativos donde desarrollarnos de forma sostenible y agradables como personas”.

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