Tenemos que formar para lo que se necesita, no para lo que ya está obsoleto.

diciembre 14, 2016

Desde pequeño Chema Lázaro sabía que estaría ligado a la educación, en la actualidad es porfesor de Primaria y coordinador de Innovación en el colegio Leornardo da Vinci. Su blog Pizarras Abiertas es todo un referente en el mundo de la docencia. No en vano, se vería recompensado en el año 2013 con el Premio Nacional de Educación del Ministerio de Educación, Ciecia y Deporte por el uso de las TIC como apoyo a la personalización del aprendizaje en Primaria. Es también fundador de NIUCO, empresa que quiere cambiar la educación a través de los preceptos de la neurodidáctica.

NeuroK.: ¿Cúando decides que te quieres dedicar a la educación?

Chema Lázaro.: “He pasado por todos los estadios del niño de la educación informal, como digo yo, he ido a campamentos, colonias… Y eso fue un poco el gancho que me atrajo siempre. Desde que empecé la ESO sabía que me quería dedicar a la enseñanza y que estudiaría Magisterio. Es muy vocacional en mi caso. En la actualidad soy profesor de niños de Primaria”.

NK.: ¿Cómo llegas al campo de la Neurodidáctica?

C.L.: “Surge porque un año que, en el colegio nuevo al que llego, me dan una clase muy movida y bastante “chunga”. Lo que los profesores llamaban la peor clase de primaria, por lo que me vi obligado a hacer cosas diferentes a lo que yo estaba replicando. A partir de ahí empecé a recuperar pedagogos con los que ya había tomado contacto en la carrera, a leerlos. Necesitaba comprobar que la Neurodidáctica no era una moda y estaba basada en algo. En cierta ocasión vino José Ramón Gamo a hablarnos sobre TDH y sobre cómo funciona el cerebro. Posteriormente nos impartió otro curso de 30 horas sobre Neurodidáctica, y ese fue el detonante que me llevó a pensar que ésto justificaba todo lo que estábamos haciendo”. A partir de ese momento me puse en contacto con otros especialistas como Anna Forés, que me becó para hacer el máster de Neurodidáctica. Ese fue el germen de Niuco”.

NK.: ¿Contaste con el apoyo del resto del claustro de profesores?

C.L.: “Lo que que ocurre con la formación de este tipo, es que al principio es como muy motivadora para todo el mundo. Todo el mundo entiende que esto funciona así, pero luego la realidad es que poca gente termina implementándola tal y como es. Como todos los procesos de creación o de innovación, depende de la esfera en que te muevas, hay una parte que es muy reticente, otra parte que se muestra muy ‘cuando vea resultados ya veo si me sumo o no’ y una tercera que son incondicionales a estos postulados. Había un núcleo muy fuerte de profesores que querían llevar a cabo un cambio, incluso había otras compañeras de mi colegio que realizaron también el máster de Neurodidáctica conmigo, ellas lo empezaron a implementar en Educación Infantil. A raíz de ahí, montamos un grupo de innovación y poco a poco esto ha ido creciendo en la estructura del cole, hasta que se ha conformado un grupo de innovación desde Infantil, Primaria y Secundaria, y cada vez más profesores se van sumando y participan dentro del grupo”.

NK.: ¿Cuándo comenzó este proceso?

C.L.: “En el 2013 fue cuando me dieron el Premio Nacional de Educación que otorga el Ministerio de Educación. Comencé en el año 2009, y ya han pasado ya unos años desde que me doy cuenta que tienen que empezar a cambiar cosas. Al principio comencé a experimentar mezclando las TICS y a partir de 2011 comienzo a tomar consciencia del paradigma sobre el que estoy trabajando en la actualidad”.

NK.: ¿Y en estos años ha cambiado la percepción de la sociedad hacia el nuevo paradigma de educación?

C.L.: “Yo creo que es algo que cada vez se habla y se trabaja más, pero es una tema que a todo el mundo le interesa pero nadie se implica en realidad. Nadie acaba poniendo ni recursos, ni fuerza, ni músculo en generar un cambio. Desde los propios docentes —que terminamos estando un poco parados— hasta, incluso, las familias, que cuando les toca participar en cosas relacionadas con la educación de sus hijos pocas son las que lo hacen. Eso sí, las que se implican tienen un poder de cambio muy, muy potente. Yo diría que en los últimos tres años hay un boom sobre este cambio que estamos proponiendo”.

NK.: ¿Qué es Niuco?

C.L.: “Pues Niuco, principalmente, es el sueño de tres amigos. Primero se unen en el proyecto Jose Ramón Gamo y Agustín Cuenca, con temas relacionados con toda la problemática de los alumnos con TDH, para buscar soluciones en el aula, momento en el que se topan conmigo y empezamos a hablar de que hay que hacer algo para motivar un cambio y ,a raíz de ahí, ha ido cogiendo forma. Ahora mismo Niuco es una empresa que sueña con transformar la educación basada en un modelo de aprendizaje a través del cerebro en el que se pongan en juego todas las metodologías inductivas en las que el alumno sea el protagonista de su propio aprendizaje”

NK.: ¿Cómo se lleva a cabo?

C.L.: “Somos un equipo bastante multidisciplinar y bastante divertido, embarcados en un proceso en el que estamos trabajando nuevas líneas y, paralelamente, estamos empezando a crear nuevos productos que nos motivan a nosotros como personas para generar un cambio. Por ejemplo, estamos empezando a estudiar que, si entendemos que el aprendizaje es algo para toda la vida, cómo podemos llegar al sector de la tercera edad. Socialmente están muy olvidados, se les aparca en residencias o centros de día. Estamos tratando de ver cómo podemos hacer para que en esos últimos momentos de su vida disfruten de aprender, disfruten estando juntos y que sientan que tienen un valor para la sociedad. Quizás implementar algún tipo de aprendizaje-servicio en el que los mayores entren dentro de las escuelas o las escuelas entren dentro de los centros de mayores. Tenemos otra idea para sacar diferentes juegos que ayuden a los profesores en el desarrollo metodológico. Estamos pensado en crear también un protocolo para los niños con altas capacidades, ya que siempre nos centramos en los que tienen dificultades y parece que nos olvidamos de los que están por arriba”.

NK.: ¿A nivel institucional os veis respaldados?

C.L.: “Sí. Es un tema que cada vez suscita más interés. La gente lo ve como la base que va a sustentar el resto de metodologías, por lo que hay bastante interés. Pero también es verdad que hay muy poquitos hallazgos que podamos aplicar al aula. Hay muchos neurocientíficos, pero hay poca parte didáctica de esa ‘neuro’, es decir, falta gente que estudie cómo esto se puede aplicar al aula, y a los profesores a veces se les queda un poco lejano cómo todo esto que saben los científicos lo podemos trasladar al aula”.

NK.: ¿Dónde hay más apoyos en centros públicos o privados?

C.L.: “El apoyo se da en todos, cada uno se busca sus subvenciones o sus recursos. Los públicos se apoyan en los Centros de Formación del Profesorado; y los privados, al tener más capacidad de autogestión de los recursos económicos y personales, lo llevan por otro lado. Pero el interés creo que es de ambas partes. También está surgiendo mucho este tema dentro de la universidad pública, lo que me parece bastante interesante. Aunque el problema de la universidad es que los alumnos han venido castrados por el sistema durante 16 años”.

NK.: ¿Cuáles son las diferencias por edades en Neurociencia?

C.L.: “Todos trabajamos sobre un mismo cerebro, que se divide en tres partes; y en los alumnos encontramos dos momentos que son especialmente sensibles, como son la infancia 2-6 años y por otro lado la adolescencia, cuando se produce un fenómeno como es la neurogénesis, en el que se generan nuevas neuronas. Con lo cual los profesores que trabajan esas dos etapas, infantil y secundaria, deben tener especial sensibilidad a la hora de formular los aprendizajes para que los niños hagan ese nuevo cableado del cerebro sin comentar ningún fallo que a posteriori pueda ser una dificultad de aprendizaje. Como cuando, por ejemplo, en infantil se les adelanta mucho el aprendizaje de la escritura o la lectura, y el cerebro no está todavía maduro. Forzarlos puede llegar a crear una dificultad del aprendizaje. Deben aprender a través de los sensitivo y lo cooperativo”.

NK.: ¿Y en secundaria?

C.L.: Es una mezcla de infantil y la primaria, están sus cerebros recableándose, están reaprendiendo y hay que trabajar mucho la parte emocional y afectiva porque, a parte, tienen un desarrollo hormonal completamente diferente. El cerebro del adolescente necesita aprendizajes muy rápidos y dinámicos, por lo cual la metodología tiene que ir muy enfocada a eso. Están a caballo entre ser niños y ser adultos, con lo cual es más complicado”.

NK.: ¿Cómo ves el futuro de la Educación Emocional?

C.L.: “Tenemos que estar emocionalmente estables y saludables porque si no nos vamos a convertir en una sociedad totalmente enferma. Tenemos que aprender a gestionar las emociones que nos hacen relacionarnos con los demás y más en el mundo al que vamos, en el que cada vez somos menos individuales y más sociales. En la era de la interconectividad es necesario para que podamos ser empáticos con las situaciones que ocurran. Incluso que nuestros alumnos sean quienes den las soluciones a problemas como la inmigración en el Mediterráneo. Eso requiere de una empatía especial no sólo con los demás si no, también, con uno mismo: entender tus emociones, poder interpretarlas, ponerle nombre o ese diálogo que se produce entre tu cerebro emocional y tu cerebro ejecutivo y que te permita tomar las mejores decisiones para que seas lo más feliz posible en la vida. Me parece estratégico”.

NK.: ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en estos procesos?

C.L.: “Son nuestro vehículo para apoyarnos en muchos de estos postulados, no son un fin en sí mismas, pero vivimos en una era en la que la tecnología está presente en todas las esferas de la vida. Debemos valernos de ella, y no sólo porque sean motivadoras para los alumnos, sino porque también nos permiten acceder a cosas que antes no eran posibles de plantear en el modelo educativo. Ahora podemos vivir en una realidad aumentada y estar dentro de la pirámide de Keops o viajar a la cima del monte Everest o surcar el río Nilo. Permiten cosas que son, a nivel educativo, muy potentes, aparte de que nos dan a los profesores mucho más tiempo para el diseño de la experiencia de aprendizaje y no tanto una carga en la corrección, tarea que ya pueden realizar las máquinas. La valía que tiene un profesor son las experiencias que está enseñando”.

NK.: ¿Cómo surge el blog Pizarras Abiertas?

C.L.: “Comienza un día mientras cuidaba el patio, un alumno que me dijo: ‘Chema, tú molas mucho pero tus clases son una mierda’. Y me planteé qué hacer para engancharlos y crear algo que los alumnos sintieran como suyo y decidí crear un primer blog… no tenía demasiadas competencias digitales. La siguiente clase decidí replicar el modelo, tuve la suerte de contar con la madre de un alumno que controlaba bastante y se ofreció a ayudarme. Me creó un blog nuevo con un montón de entradas a modo de borrador, para que yo pudiera ir subiéndolas y adelantar el trabajo. Ella trabajaba en la sombra conmigo. Poco a poco fue metiéndome el veneno y enseñándome herramientas. Entré como un toro al trapo y viendo las nuevas posibilidades educativas que podía generar el blog: hacer participes a los padres, hacer que los alumnos se encargaran de secciones… Fue creciendo a medida que cambiaban las necesidades en clase, y poco a poco se fueron sumando más profesores”.

NK.: ¿Cómo ves el futuro de la educación?

C.L.: “Soy optimista por naturaleza. No veo un cambio tanto en la educación, como un cambio de cultura de pensamiento: hay que formar para lo que se necesita, no para lo que ya está obsoleto. Veo escuelas mucho más modernas, mucho más abiertas en las que se trabaja en comunidad y no por competición. Veo colegios muy implicados en la vida del pueblo, de la ciudad, del barrio donde viven los alumnos para dar soluciones reales. Me gusta muchísimo todo lo que tiene que ver con el aprendizaje-servicio, creo que es una solución increíble a la educación y al mundo. Veo escuelas interconectadas unas con otras en las que se hacen proyectos colaborativos entre diferentes ciudades o diferentes países. Y veo, sobre todo, alumnos felices que van al cole porque les gusta aprender y no por obligación. En el que los ‘frikis’ son bienvenidos y no están excluidos del modelo. Una escuela en la que la música, el arte y el deporte tengan un papel fundamental junto a la lengua o las matemáticas. Esa es mi escuela ideal”.  

 

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