Neuroplasticidad y aprendizaje

agosto 9, 2017

El cerebro posee la capacidad de crear nuevas conexiones

El cerebro, a diferencia de lo que se pensaba y como ha demostrado la Neurociencia, posee la capacidad de crear nuevas conexiones nerviosas durante toda la vida y no sólo durante los primeros años de existencia. Es la denominada Plasticidad Sináptica o Neuroplasticidad. El doctor Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), obtuvo el premio Nobel de Medicina por sus trabajos sobre la estructura del sistema nervioso, una teoría denominada en su época «doctrina de la neurona» en la que se desarrollaba el funcionamiento de los procesos de conexión y los espacios donde se producían.

En palabras de Luís Miguel García Segura —miembro del Instituto Cajal, dependiente del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)— en la publicación médica Jano, “Las sinápsis ejercen un papel fundamental en la teoría neuronal. Ramón y Cajal describió la organización topográfica básica de circuitos neuronales completos y esta descripción anatómica iba siempre acompañada de una interpretación. Recordemos las famosas flechas cajalinas que acompañan a sus dibujos de circuitos y nos guían por el camino que sigue el impulso nervioso”. La revolucionaria de estas teorías lanzadas por el  doctor aragonés son, sin duda, la base sobre la que se ha construido toda la Neurociencia moderna y sobre la que han podido asentar las bases de la teoría de la Plasticidad Sináptica.

¿Qué es exactamente la Neuroplasticidad?

Pero, ¿qué es exactamente la la Neuroplasticidad? Según precisa la publicación científica Patologías y Definiciones, “la plasticidad neuronal es la capacidad que tiene el cerebro para formar nuevas conexiones nerviosas, a lo largo de toda la vida, en respuesta a la información nueva, a la estimulación sensorial, al desarrollo, a la disfunción o al daño. La Neuroplasticidad es conocida como la renovación del cableado cerebral”. Es decir, el cerebro es un órgano que continuamente está en relación con el entorno y es estimulado por la realidad con la que está en contacto. Dicha relación es capaz de modificar las conexiones (sinápsis) y crear o modificar nuevas rutas y espacios en los que se producen esos enlaces, logrando reorganizar el funcionamiento del cerebro. Incluso se ha demostrado que pueden nacer nuevas células neuronales en un proceso denominado Neurogénesis, cosa que se creía imposible hasta este momento. Existen, a demás, dos tipos de Plasticidad Sináptica, por un lado, la Neuroplasticidad Positiva, encargada de crear y ampliar las redes con información ya existente; y por otro, la Neuroplasticidad Negativa, que es la que elimina aquellas conexiones que ya no son útiles y, por tanto, han caído en desuso.

Cómo influye la Neuroplasticidad en el aprendizaje

El proceso cerebral que, como dijimos, modifica y adapta constantemente las conexiones neuronales en contacto con factores externos y nuevas experiencias debe hacer que nos replanteemos la forma de enseñar. Se podría hacer un símil, afirmando que el cerebro es como un músculo: cuanto más lo entrenamos, más crece y más se desarrollarán nuevas interacciones o sinápsis. Esta plasticidad no sólo se produce a edades tempranas pues, aunque bien es cierto que en esos primeros años de desarrollo la neuroplasticidad es mucho más elevada, es un fenómeno que nos acompañará el resto de nuestra vida. Fenómeno que se va aminorando en intensidad con el paso de los años, pero que nunca deja de producirse.

Este concepto, transferido al aula, pone patas arriba todo lo establecido. Es decir, la división existente, por ejemplo, entre personas con determinadas capacidades para las ciencias o las letras hace que se difumine. Se ha demostrado que nuestro cerebro puede desarrollar nuevas capacidades si se trabaja adecuadamente y se construyen esas nuevas sinápsis. Ahora, ni los alumnos, ni mucho menos los profesores, pueden escudarse tras la supuesta falta de capacidad en una u otra materia. Debe ser un estímulo para los docentes hacer comprender a sus alumnos que son mucho más capaces de lo que creen. Esto acaba con cierto determinismo del que muchos profesores hacían gala y marcaban el futuro del alumno convenciéndole de que no se le daban bien las matemáticas o la lengua.

Otra de las aplicaciones de estos últimos descubrimientos es de lo más útil a la hora de plantearnos el nuevo modelo de producción hacia el que se encamina la sociedad y que debe afectar a la elaboración de los currículos de formación, pensando en el futuro. La necesidad cada vez más acuciante de estar en una formación continuada hace que la edad ya no sea un impedimento, pues si el cerebro tiene la capacidad de modificar su ‘cableado’ y el fenómeno de la neurogénesis permite el nacimiento de nuevas células neuronales, no sólo los niños pueden adquirir nuevos conocimientos y competencias.

Estos avances de la Neurociencia deben hacer que la comunidad educativa se replantee el modelo de aprendizaje y reflexione sobre cómo deben influir estos descubrimientos a la hora personalizar y motivar a los alumnos, de manera que encuentren herramientas que logren emocionar los cerebros de niños, jóvenes —y no tan jóvenes— y se activen nuevas conexiones que incrementen las capacidades de los alumnos.

Photo credit: / El Coleccionista de Instantes via Visual hunt /  CC BY-SA

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